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La universidad a las puertas del tercer milenio

» Autor: AMEU

PRESENTACIÓN

La Asociación Maya de Estudiantes Universitarios (AMEU) - unidad ejecutora de proyecto sobre factibilidad de la universidad Maya de la mesa Nacional Maya de Guatemala (MEMMAGUA) y del consejo de organizaciones Mayas de Guatemala (COMG) -tomó la iniciativa en 1977 de llevar a cabo una investigación para elaborar un diagnóstico sobre la situación de la Educación Superior en Guatemala, diagnóstico que, evidentemente, era necesario como condición para una reflexión sobre los implícitos y consecuencias que la referencia a la Educación Superior , en el Acuerdo de Identidad y Derechos Indígenas; conllevaba.

Es en ese contexto que se sitúa el presente trabajo; como aporte, por una parte, de elementos globales a la discusión general y como apertura de la discusión nacional al contexto internacional, por otra.

La campaña que se ha desarrollado para la elección del nuevo Rector de la Universidad de San Carlos, los editoriales que han sido publicados en los periódicos nacionales, las discusiones que entorno a la misma se han generado, etc.., son testigos y testimonios de los que, para unos, es crisis, por la está pasando la Enseñanza Superior en Guatemala. Es evidente que las necesidades son inmensas, y que las oportunidades, para la gran mayoría de la población, son asombrosamente limitadas. La reforma educativa ha suscitado toma de conciencia, experiencias, esfuerzos, compromisos y expectativas; ha generado una movilización sin precedentes en ciertos sectores y reticencia evidentes en otros. Pero ahí está y la II Cumbre de las Américas, que reunió a los presidentes del continente en Chile ha dado razón a los que piensan que un plan nacional de educaciones un objetivo central y prioritario para la nación.

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En este fin de siglo en que, a nivel mundial, se ha toado conciencia de disfunciónamientos y de crisis de la Educación superior, en que los diversos países de América Latina están comprometidos en y un proceso de reforma y transformación de los sistemas de enseñanza, de su financiación y de su pedagogía, el diagnóstico sobre la realidad Guatemalteca se impone. Diversos han sido los esfuerzos, y el emprendido por la asociación Maya de Estudiantes Universitarios (AMEU) es uno de ellos y uno de los más pertinentes e imparciales. Como parte de dicho esfuerzo, el artículo se propone, simplemente , una reflexión sobre la evolución de los modelos, sobre las orientaciones de las reformas en América Latina, sobre los procesos actuales y sobre los desarrollos de la pedagogía universitaria a través de la presentación sucinta de ciertas experiencias innovadoras que, en diversos países, están surgiendo como resultado de los aportes de la ciencias cognitivas que han avanzado considerablemente en los análisis de los procesos enseñaza-aprendizaje y en la reflexión sobre el rol transmisor, formador y creador de conocimientos de la Univesidades.

INTRODUCCIÓN

Desde los inicios de los años sesenta, las universidades han conocido, en la mayor parte de los países, transformaciones profundas. El crecimiento de efectivos ha sido acompañado de una modificación de la composición social tradicional de mundo estudiantil lo que ha incido y modificado las demandas de los candidatos. Lan crisis económica de mediados de los sesenta y la reducción de lo espacios de oferta de puestos de trabajo para los estudiantes han aportado dudas sobre la utilidad moral incontestable, han visto que su misma finalidad era puesta en tela de juicio y la sociedad cuestionó también su rentabilidad para la nación.

Las universidades en ciertos países, Guatemala entre ellos, se encuentra en crisis profunda no por su liberalismo sino por su anarquismo. Es, curiosamente, en el terreno del conocimiento, de la concepción de la organización del mismo y no en el nivel de prestigio y de la autoridad, que se encuentra el peligro. Las contradicciones de la sociedad se han reflejado en ella, se han exacerbado y no estaba preparada para eso. La verdad es que, en numerosos caso, se encuentran desadaptadas. Insensible, la universidad en ciertos casos se encuentra desfasada del proceso de producción real de la ciencia y del proceso real de difusión de conocimientos, como lo han señalado numerosos responsables de Centros y programas de Investigación.

Estos diversos cambios han afectado la universidades en la mayor arte del países casi simultáneamente lo que hace pensar que es debido, no tanto a situaciones particulares, sino a procesos objetivos y son el signo de que corresponde a exigencias nuevas que se imponen a nivel mundial.

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Las nuevas generaciones están menos interesadas por la adquisición de una cultura general que preocupadas por obtener un diploma que les asegure un empleo y que les garantice una movilidad social y eso, en el momento mismo en el que la evolución del mercado del trabajo reduce sus ofertas. La substitución de una expectativa de formación de orden intelectual tradicional por otra cuya motivación es la inserción en el mercado del trabajo, conlleva consecuencias importantes: obliga a insertarse en procesos de profesionalización que les acerca más bien a funciones de la escuela secundaria y del diversificado.

La concomitancia contradictoria entre el proceso más masivo y la reducción de opciones a la salida, plantea a la universidades y a los responsables políticos un grave problema: ¿se debe mantener el acceso abierto a todo aquel que es titular de un diploma de fin de estudios secundarios o es conveniente regula el número de estudiantes que comienzan con el volumen presumible de profesionales necesarios? En la mayoría de países , y a través de mecanismos diferentes, se ha optado por la selección más o menos rigurosa: en ciertos casos se ha adoptado la solución de un numerus clausus; en otro ha sido instituido un examen de control de aptitudes.

Tradicionalmente, en las democracias populares, el numero de estudiantes está determinado, en cada disciplina, por las previsiones del plan, en otros países también han sido tomadas medidas limitativas. En ciertos países ha sido "la profesión" quien limita directa o indirectamente el acceso, lo cual es aún más inadmisible pues se trata de intereses no nacionales sino corporativistas. Aunque puede ser inevitable el recurrir a fórmulas de selección, esta selección no resuelve, no obstante, el problema: no existen actualmente criterios seguros para discernir las actitudes de lo individuos, por una parte, y por otra, no es posible, -en ningún país- calcular con garantía el volumen y tipo de necesidades, a escala de cuarenta años que es el tipo de escala que define la carrera profesional de los estudiantes.

Las universidades están en crisis y eso por varias razones: el peso del numero impone, por una parte, un esfuerzo necesariamente doloroso de adaptación y por otra, no es posible -en ningún país- calcular con garantía el volumen y tipo de necesidades, a escala de cuarenta años que es el tipo de escala que define la carrera profesional de los estudiantes.

Las Universidades están en crisis y esto por varias razones: el peso del número impone, por una parte, esfuerzo necesariamente doloroso de adaptación y por otra, la incertidumbre sobre su futuro y de su razón de ser. La sociedad se plantea interrogantes, y las certidumbres sobre su utilidad fundamental e intransferible son hoy menos evidentes. La carga presupuestaria es cada ves más pesada hasta convertirse en insoportable y el cambio de conyuntura, que ha hecho pasar de períodos de abundancia a los actuales de penuria, incide sobre su funcionamiento: el peso de los gastos de enseñanza (administración, cuerpo profesoral, etc.) sobre el presupuesto global ha alcanzado límites insoportables condenando el sistema al inmovilismo. Por otra parte, se ha producido una inadecuación entre el número de diplomas y posibilidades de empleo como la discordancia entre el contenido de la enseñanza dispensada y las exigencias de las profesiones, al igual que la importante proporción de abandonos y fracasos inciden en la confianza que se tenía sobre la calidad y la rentabilidad del sistema.

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La universidad es hoy, a nivel mundial, objeto de las críticas convergentes que vienen de perspectivas ideológicas opuestas:

•  Los espíritus preocupados de eficacia, de rentabilidad y de tecnicidad le reprochan la formación excesivamente teórica, alejada de la realidad y de profesionales, hacia una enseñanza técnica o hacia el tipo de formaciones adquiridas en el terreno.

•  Las críticas por razones ideológicas le hacen otro tipo de reproches: el de ser un "aparato ideológico del Estado", que reproduce la jerarquía y que difunde la ideología dominante es decir, el de la burguesía capitalista, interiorizando sus postulados intelectuales y, de esta manera, se le reprocha ser un agente que perpetúa las desigualdades sociales.

•  Al mismo tiempo, la "gente de orden" continúan considerando la universidad como una institución peligrosa, pues la consideran como un instrumento que mima los principios sobre los que reposa el orden social, establecido sobre todo, en países en los que la participación política no es masiva y en los que profesores y alumnos pueden ocupar el espacio del movimiento popular.

•  Por último, hay también quienes, a partir de posiciones radicales como Ivan Illich, afirman que la sociedad no necesita sistemas de enseñanza, que un sistema educativo es un lujo inútil e incluso un obstáculo a la felicidad individual como el desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, y piensan que la universidad no es necesaria.

La confrontación con los cambios considerables que las universidades han experimentado en la mayor parte de sociedades desde hace diez años y las críticas articuladas contra ellas atesta, sean cuales sean la formas que se desarrollarán en el futuro, que las universidades viven actualmente tiempos de mutaciones decisivas para su organización interna, para el ejercicio de su misión y para su organización interna, para el ejercicio de su misión y para la recomposición de sus relaciones con la sociedad global.

Sus misiones y funciones han evolucionado en el sentido de que las sociedades que las contienen han evolucionado también. Nuevos polos de producción, de inserción y de articulación han emergido y el monopolio tradicional no es ya viable. Nuevos intereses se manifiestan y nuevos actores tienen también la capacidad de dar respuesta. El liderazgo no es un derecho, es una conquista, no es una proclama, es un reconocimiento, no es un derecho constitucional o legal, es un compromiso activo en la práctica de la diversidad y de la solidaridad. La democracia no es el derecho de unos pocos, es la preeminencia de los derechos de todos sobre los intereses de unos cuantos. Es el derecho de todos al acceso a una educación y no el monopolio de una institución. Y la universidad debe también repensar "su " democracia, la democracia que debe ser testigo y de testimonio en al sociedad global. Y es en nombre de esa democracia que debe pensar su rol y su pretendido monopolio. Argumentar que "Habrá más división" si se crean otros centros de formación que den respuesta a las necesidades inmensas que tiene la sociedad guatemalteca es reivindicarse como "centro de la unión" y eso, no solo es peligroso y pretencioso, sino que es antidemocrático.

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